Colonialismo y zoos: patrimonio robado, grandes primates exhibidos y sufrimiento perpetuado

Patética situación de los gorilas en el zoo de Barcelona. Foto: INTERCIDS

En los últimos años, Europa ha abierto un debate ineludible: ¿qué deben hacer los museos con las colecciones cuyo origen está ligado al colonialismo? Objetos sagrados, restos humanos y obras de arte expoliadas de otros países están hoy bajo revisión. Sin embargo, existe otro patrimonio arrancado durante la colonización que apenas ha sido cuestionado con la misma profundidad: los animales salvajes capturados para abastecer zoológicos europeos.

En el Estado español, el origen y consolidación de instituciones como el Zoo de Barcelona no pueden entenderse al margen del contexto colonial en Guinea Ecuatorial. El reportaje “Un patrimonio incómodo” documenta la primera visita oficial, en 2025, de una delegación científica de Guinea Ecuatorial a museos de Barcelona y Madrid, poniendo de relieve la expoliación de animales desde territorios colonizados hacia Barcelona y otros zoológicos del mundo.

Ikunde: la fábrica colonial de animales para exhibición

En 1958, el Ayuntamiento de Barcelona abrió el Centro de Ikunde, a pocos kilómetros de Bata, entonces capital de la Guinea continental bajo dominio español. Aquel enclave se convirtió en proveedor sistemático de colecciones zoológicas, botánicas, etnológicas y arqueológicas destinadas a instituciones vinculadas al Ayuntamiento de Barcelona.

En Ikunde se realizaba la aclimatación y preparación de los animales vivos capturados, arrancados de la selva, para enviarlos al Zoo de Barcelona. Entre ellos se encontraba el célebre Copito de Nieve, convertido en icono de la ciudad tras ser exhibido durante décadas en cautividad.

Ikunde funcionaba como un centro de exportación permanente. Garantizaba un suministro continuo de animales salvajes: no solo para ampliar la colección del zoo de Barcelona, sino también para vender e intercambiar ejemplares con otros zoológicos europeos. Según el documento “Ikunde: animales salvajes de la Guinea española para el zoo de Barcelona”, los zoos europeos buscaban activamente gorilas, chimpancés, reptiles y otras especies presentes en la colonia española.

La fauna expoliada de Guinea llegó a constituir una parte esencial de la colección zoológica del Barcelona. Además, generó ingresos considerables y facilitó el intercambio comercial con instituciones de otros continentes. Un gorila adquirido por 5.000 pesetas podía revenderse en Alemania o Estados Unidos por 15.000 o 20.000. La “facilidad” de acceso a animales capturados en territorio colonizado impulsó el prestigio internacional del zoo.

Copito de Nieve / Zoo de Barcelona

El volumen de negocio era significativo. Uno de los proveedores habituales fue Luis de Lassaletta, dedicado profesionalmente a la captura y adquisición de animales salvajes vivos. El Zoo de Barcelona firmó con él un convenio para la compra de un lote de animales vivos valorado en casi un millón de pesetas, una cifra muy elevada para la época.

Barcelona no fue una excepción. Zoológicos como el Zoo de Amberes, el Tierpark Hagenbeck en Hamburgo, además de centros ingleses, suizos y franceses, participaron en redes similares de captura, comercio e intercambio de fauna salvaje procedente de territorios colonizados.

La coartada científica: del expolio a la cautividad permanente

En muchos casos, los animales eran comprados a habitantes locales que los capturaban en la naturaleza. Aunque la transacción adoptaba la apariencia de legalidad, se producía en un contexto de desigualdad estructural, bajo dominación colonial y presión institucional o militar. El supuesto “consentimiento” de las comunidades quedaba profundamente cuestionado.

La justificación habitual era la investigación científica. Se presentaba a las asociaciones científicas y zoológicas como espacios neutrales dedicados a la generación de conocimiento. Pero esa narrativa ocultaba dos realidades: el sufrimiento de los animales capturados y la dimensión colonial del despojo del patrimonio natural. Estas prácticas contribuyeron incluso a la desaparición local de algunas especies en Guinea.

El Museu de Ciències Naturals de Barcelona conserva cerca de 500 especímenes procedentes de Guinea Ecuatorial, la mayoría donados por el Zoo de Barcelona. Detrás de cada ejemplar hay una historia de extracción en contexto colonial.

En 2008, el primatólogo Jordi Sabater Pi, vinculado al hallazgo de Copito de Nieve, reconoció en la televisión pública catalana sentir cierta culpabilidad por la situación del gorila en el zoo. Al ser preguntado si los zoos sirven para sensibilizar a la población, respondió que podían mostrar, más bien, a un animal en una situación “muy restrictiva, como en la prisión”. Fue más lejos aún: afirmó estar en contra de los zoos y sostuvo que hoy en día carecen de sentido.

Un debate que los zoos no han querido asumir

Han pasado casi veinte años desde aquellas declaraciones. Mientras museos europeos han iniciado procesos de revisión crítica y diálogo para la restitución de patrimonio expoliado, los zoológicos modernos no han recorrido un camino equivalente.

No ha habido un análisis profundo ni un reconocimiento institucional de que su consolidación fue posible gracias a la extracción sistemática de fauna de territorios colonizados. Tampoco un proceso de reparación hacia los países de origen. Por el contrario, muchos zoos siguen defendiendo la cautividad permanente de animales salvajes bajo el argumento de la “investigación científica”, manteniendo una visión dominadora de la naturaleza heredera del paradigma colonial.

Hoy, chimpancés, gorilas, orangutanes y bonobos continúan siendo especies emblemáticas y altamente valoradas en las colecciones zoológicas. Actualmente, 141 zoos europeos albergan grandes simios, con alrededor de 1.500 individuos en cautividad. La inmensa mayoría son descendientes de animales nacidos en libertad y capturados para exhibición. Todos ellos morirán en cautividad.

Con estas excusas, los zoos intentan invisibilizar no solo el sufrimiento de los animales capturados y los que ahora tienen cautivos, sino también la dimensión colonial de estas prácticas: su origen en el robo sistemático del patrimonio natural de los territorios colonizados, que llegó incluso a provocar la desaparición de algunas especies en Guinea.

En España, la llamada “Ley de Grandes Simios” podría representar el primer paso hacia un ejercicio de reparación histórica con estas especies. INTERCIDS trabaja para que este proyecto legislativo salga adelante. De hecho, el Ministerio ha utilizado la propuesta de redactado presentada por INTERCIDS en julio de 2024 como borrador para iniciar la tramitación.

La pregunta ya no es solo qué hacer con las piezas coloniales que llenan vitrinas. La pregunta es qué hacer con los seres vivos que siguen pagando, generación tras generación, el precio de aquel expolio.

Fuentes:

3Cat. 30 Minuts – “Un patrimonio incómodo”

3Cat. (S)avis – Entrevista a Jordi Sabater Pi

Sàpiens – Jordi Sabater Pi i el saqueig colonial de la fauna de Guinea

Barcelona.cat – Ikunde, un bocí de Barcelona a l’Àfrica Central

Reyné Vergelli, J.M. (2023). Ikunde: Animals Salvatges de la Guinea Espanyola per al Zoo de Barcelona. Actes d’Història de la Ciència i de la Tècnica. Nova Època. (16).p. 95-117

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