
La entidad de operadores jurídicos aboga por un modelo de coexistencia basado en criterios científicos, priorizando las medidas de prevención y el reconocimiento de la función ecológica esencial de la especie.
INTERCIDS, Operadores Jurídicos por los Animales, presentó el 23 de marzo de 2026 sus aportaciones a la consulta pública previa para la modificación del II Plan de Gestión del Lobo en el Principado de Asturias. Esta reforma surge tras las sentencias del Tribunal Supremo que declararon nulos los programas de control basados en cupos de capturas, al considerarlos incompatibles con el nuevo régimen de protección de la especie.
Para INTERCIDS, este escenario jurídico representa una oportunidad para ampliar la perspectiva y desarrollar una normativa que no se limite a cumplir requisitos legales, sino que ofrezca soluciones integrales para la protección de una especie clave en el mantenimiento de los ecosistemas.
Coexistencia y medidas no letales como prioridad
Entre los puntos fundamentales de las propuestas presentadas, destaca la necesidad de definir la coexistencia entre el lobo y la actividad ganadera como el objetivo central de la norma. La entidad sostiene, apoyándose en informes del Comité Económico y Social Europeo (CESE), que la coexistencia es eficaz cuando se instauran medidas de protección y prevención adecuadas.
En este sentido, INTERCIDS propone:
- Diferenciación clara de medidas: Distinguir entre el «control de individuos» (que incluye métodos no letales) y la «muerte provocada».
- Excepcionalidad del control letal: La muerte de lobos debe ser una medida de último recurso, condicionada a la falta de eficacia de medidas no letales y a la constatación fehaciente, mediante métodos científicos, de que los daños han sido causados por un lobo.
- Responsabilidad en la prevención: El acceso a compensaciones por daños debe estar vinculado a que las explotaciones ganaderas dispongan de todas las medidas de seguridad posibles para evitar ataques.
El valor ecológico del lobo
La propuesta de los operadores jurídicos insiste en que cualquier plan de gestión debe partir del reconocimiento del papel esencial del lobo en el medio ambiente. Como depredador, realiza una función reguladora necesaria sobre poblaciones de otros animales (como jabalíes y corzos) y ayuda a prevenir la transmisión de enfermedades de la fauna silvestre a la ganadería.
«En un contexto de emergencia climática y pérdida de biodiversidad, el plan de gestión debe garantizar una preservación real de la especie al tiempo que se apoya la actividad económica rural mediante un sistema eficiente y eficaz», señalan desde INTERCIDS.